Tormentas Amanda y Cristóbal: cuando la lluvia golpeó la cosecha de 2020

Tormentas Amanda y Cristóbal: cuando la lluvia golpeó la cosecha de 2020

Cultivo y Procesamiento; Sostenibilidad

Tormentas Amanda y Cristóbal: cuando la lluvia golpeó la cosecha de 2020

Entre el 31 de mayo y el 7 de junio de 2020, las tormentas tropicales Amanda y Cristóbal atravesaron El Salvador con lluvias intensas, viento y deslizamientos. Para el sector cafetalero, que ya enfrentaba la pandemia de COVID-19 con restricciones de movilidad y mercado, el golpe climático llegó en plena cosecha y en plena preparación de la siguiente. ACAFESAL, la Asociación de Caficultores de El Salvador, documentó pérdidas estimadas en 150.000 quintales de café. Omar Flores, vocero de la asociación, señaló brotes de roya favorecidos por la humedad persistente en las hojas.

La OCHA —Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios— registró acumulados de 500 a 800 milímetros de lluvia en distintas zonas del país durante el evento. Esas cifras no son abstractas: en la montaña, significan suelos saturados, caminos cortados, cerezas caídas antes de madurar y dificultad para secar el grano en patios y guardiolas.

Qué le ocurre al cafetal cuando llueve demasiado

El café necesita agua, pero en dosis y momentos precisos. Lluvias continuas durante la cosecha provocan caída prematura de cerezas, fermentaciones no deseadas en el fruto y mayor riesgo de moho y hongos en el beneficio. La roya, en condiciones húmedas y cálidas, se propaga con rapidez: manchas naranjas en el envés de la hoja, defoliación, debilitamiento de la planta y menor producción en la cosecha siguiente.

Para el productor de especialidad, el daño no se limita al volumen. Un lote destinado a microlote puede perder calidad si la cereza se hincha, se agrieta o cae al suelo. El grano que llega al beneficio con defectos difícilmente alcanza los 84 puntos que el mercado premium exige. Amanda y Cristóbal no solo restaron quintales; alteraron la curva de calidad de una cosecha que muchos habían preparado con esmero.

Respuesta institucional y contexto COVID

El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) movilizó un paquete de 5,6 millones de dólares para apoyo agrícola en el marco de la emergencia, según reportes recopilados por ReliefWeb. La cifra apuntaba a paliar daños en varios rubros, no solo café, pero el sector cafetalero fue uno de los más expuestos por la combinación de clima y pandemia. Con ferias canceladas, visitas de compradores suspendidas y logística alterada, recuperar ingresos fue más lento que en temporadas normales.

La pandemia compuso el escenario: menos mano de obra disponible en corte, dificultad para transportar grano húmedo, incertidumbre en precios internacionales. Un productor que perdió parte de su cosecha por Amanda y Cristóbal no solo contaba quintales; contaba también si podría vender a tiempo y a un precio que cubriera la renovación del cafetal.

Lecciones para quien compra café salvadoreño

Entender eventos como estos ayuda a leer el origen con honestidad. El Salvador es pequeño, montañoso y expuesto a ciclones del Pacífico y del Atlántico que, aunque no toquen tierra como huracán categoría alta, dejan lluvias extremas. La producción nacional ya había caído desde los años noventa; cada temporada difícil retrasa renovación de plantas, tratamientos contra roya y reinversión en beneficio húmedo.

Para el tostador, la lección no es evitar el origen, sino valorar la trazabilidad y la relación directa con productores que, año tras año, vuelven a plantar, secar con cuidado y apostar por calidad pese al clima. Las cosechas posteriores —2021, 2022— demostraron que la montaña salvadoreña puede responder con tazas de excelencia cuando las condiciones lo permiten. Amanda y Cristóbal recordaron el otro rostro del origen: vulnerable, pero también resiliente cuando el campo recibe apoyo y el mercado paga por taza, no solo por saco.

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