En mayo de 2024, el jurado internacional de Taza de Excelencia otorgó 92 puntos al Pacamara de Finca La Bendición, en la categoría de lavados y honeys. La finca, de Ismael Recinos Flores, se alza en Tejutla, Chalatenango, cerca de los 1.900 metros. Esa altitud no es un adorno en la etiqueta: es el motor de una maduración lenta, azúcares más complejos y una acidez que en taza se siente viva, casi tropical.
El proceso honey deja parte del mucílago en el pergamino durante el secado. Bien hecho, suma dulzor y cuerpo sin perder limpieza. Mal hecho, ensucia. Que un honey salvadoreño lidere el concurso es una buena noticia para quien busca cafés con carácter y, a la vez, precisión.
El podio como mapa de sabores
El segundo puesto destacado de la edición fue para Finca Los Morales, con un Geisha natural de 91,80 puntos. El tercero, Las Brumas, con un blend 60 % Bourbon y 40 % Pacamara (91,09). Tres tazas, tres lecciones: la genética nacional (Pacamara), la variedad de prestigio mundial adaptada al volcán (Geisha) y el saber clásico del Bourbon cuando se mezcla con oficio.
La competencia, organizada con el ISC y respaldada por la Alliance for Coffee Excellence desde 1999, no es un desfile. Es un filtro. Solo los lotes que sobreviven a múltiples catas ciegas llegan a la subasta de julio.
Qué puede esperar quien compre este origen
Un Pacamara de altura extrema suele ofrecer acidez luminosa, fruta, flor y un final persistente. El honey añade una sensación de miel o panela que hace el café muy amable en filtrado y, con el tueste adecuado, memorable en espresso corto. La Bendición cultiva también Parainema, Bourbon y Pacas: un abanico que ilustra la riqueza de Chalatenango, región de noches frías y suelos que premian la paciencia.
Noventa y dos puntos no son un techo. Son una invitación: el café salvadoreño de montaña, cuando se cosecha en punto y se procesa con cuidado, entra en el club mundial de las tazas que se discuten, se subastan y se recuerdan.
