Treinta millones de plantas al año: la cuenta para renovar el cafetal

Treinta millones de plantas al año: la cuenta para renovar el cafetal

Cultivo y Procesamiento; Sostenibilidad

Treinta millones de plantas al año: la cuenta para renovar el cafetal

El Coffee Annual 2026 del USDA para El Salvador (informe ES2026-0004, 20 de abril) pone números a un hecho que el caficultor ya ve en la ladera: muchos árboles tienen más de 25 años y han rebasado su vida productiva. Un cafeto no es eterno. Tras dos décadas y media, baja la hoja, baja la cereza y sube la vulnerabilidad a la roya. Renovar no es un adorno de política agrícola: es reemplazar el esqueleto del bosque que da la taza.

La aritmética de la planta

Cada año hay que reponer más de 7 millones de plantas solo para cubrir las que mueren de forma natural. Eso no aumenta el parque: apenas evita que se encoja. La Asociación Cafetalera estima que harían falta unos 30 millones de plantas de alta calidad, resistentes a la roya, al año durante 10 años para renovar de verdad las áreas cafetaleras del país. La diferencia entre 7 y 30 millones es la diferencia entre sobrevivir y reconstruir.

El área cosechada, sin embargo, se mantiene estable en torno a 118.000 hectáreas (ciclos 2024/25, 2025/26 y, en previsión, 2026/27). Estabilidad de superficie no es estabilidad de producción. El rendimiento nacional promedia 4,97 sacos de 60 kilos por hectárea en el año de mercado 2025/26: una cifra baja, atribuida por el USDA a la falta de un programa de renovación que cubra la mayor parte del área.

El Gobierno (GOES) concentra el apoyo en pequeños productores de menos de 3,5 hectáreas, que representan cerca del 15 % del área plantada. El informe señala que una renovación más eficaz debería incluir a los medianos, que concentran alrededor del 37 % de la superficie. Las semillas que el Estado entrega son, sobre todo, Cuscatleco, Marsellesa, Pacas, Pacamara, Sarchimor y Anacafe 14, y van de forma predominante al pequeño productor. Cuscatleco, Marsellesa, Sarchimor y Anacafe 14 aportan resistencia a la roya; Pacas y Pacamara aportan el perfil de taza que el mundo asocia con El Salvador. El vivero, otra vez, tiene que servir a los dos oficios: no morir de hongo y no perder el carácter.

Sin crédito privado, la planta se queda en la bolsa

Los bancos privados siguen viendo el café como inversión de alto riesgo y se resisten a prestar. Sin financiamiento para siembra y mantenimiento, muchas plántulas no se plantan o no sobreviven por falta de insumos y de cuidado. El dato es duro y didáctico: entregar la planta no basta si no hay crédito para el hoyo, el abono y los tres años de espera hasta la primera cosecha seria.

Quien compra café salvadoreño hace bien en entender esta cuenta. Un Pacamara de 90 puntos nace de un árbol en su mejor edad, no de un tronco de más de 25 años. Treinta millones de plantas al año durante una década es el orden de magnitud que el gremio pone sobre la mesa. Mientras esa escala no llegue, el país seguirá ofreciendo lotes extraordinarios sobre un parque que, en promedio, rinde 4,97 sacos por hectárea. La especialidad no contradice la renovación: la exige.

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