El Niño y 44.000 sacos menos: el pronóstico de la cosecha 2026/27

El Niño y 44.000 sacos menos: el pronóstico de la cosecha 2026/27

Sostenibilidad; Cultivo y Procesamiento

El Niño y 44.000 sacos menos: el pronóstico de la cosecha 2026/27

El Coffee Annual 2026 del USDA (ES2026-0004), leído por Daily Coffee News el 14 de mayo y por CMB, deja una cuenta nítida. La producción del año de mercado 2025/26 se estima en 586.000 sacos de 60 kilos. La de 2026/27 se proyecta en 542.000: 44.000 sacos menos, un −7,5 %. El descenso se atribuye, sobre todo, al fenómeno de El Niño y a un clima desfavorable en la floración y en la cosecha.

Qué hace El Niño a la flor y a la cereza

En café, la flor no es adorno. Es el contrato de la cosecha siguiente. Un episodio de El Niño altera lluvias y temperaturas en el momento en que el cafeto cuaja y, más tarde, cuando la cereza debería cortarse en punto. El ciclo 2025/26 ya pagó un adelanto de esa lección: las lluvias torrenciales de diciembre de 2025 hicieron caer cereza madura al suelo y resecó parte de la que quedó en la rama. En el beneficio, eso se traduce en menos rendimiento y en grano de peor calidad al moler. Quien visita un secadero después de un diluvio ve lo que el USDA describe: menos densidad, más defecto, menos taza limpia.

Por eso el pronóstico de 2026/27 no es un capricho de modelo. Es la misma agronomía aplicada hacia adelante: si la floración falla y la corta se complica, el saco no aparece. El Salvador no es un origen de commodity infalible. Es un origen de precisión volcánica, donde un mes de cielo torcido se nota en el quintal.

Exportar más mientras se produce menos: la paradoja de las existencias

Las exportaciones, en cambio, se estiman en 535.100 sacos en 2025/26 y se proyectan en 543.000 en 2026/27. La aparente contradicción se explica: los productores aprovechan precios altos para liquidar existencias. Estados Unidos seguiría como primer destino, con 268.570 sacos —cerca del 50 %—. Bélgica, segundo polo, 60.990 sacos, alrededor del 11 %. Italia, Alemania, Arabia Saudí y Japón completan el núcleo. El mapa de la taza no cambia de un ciclo a otro; cambia el volumen que hay detrás.

La lección para el comprador es doble. Primera: la especialidad salvadoreña —Pacamara, Geisha, Bourbon de altura— sigue viajando a mesas que pagan perfil, no solo saco. Segunda: un año Niño enseña a no confundir exportación con cosecha. Se puede embarcar más grano de almacén mientras el árbol, en la ladera, ya está prometiendo menos.

Quien bebe este origen en 2026 y 2027 hace bien en pedir muestra y en valorar lo que se salvó. El café que llega limpio después de un diciembre de cereza en el suelo es, todavía más, un café de oficio. El Niño no borra el terroir. Lo hace más selectivo. Esa es la expectativa correcta: menos sacos, y los que queden, más dignos de la mesa de cata.

Volver a noticias