El 15 de abril de 2025 la National Coffee Association presentó el informe de primavera National Coffee Data Trends, levantado en enero. El titular cabe en una frase de cocina: el café volvió a ser la bebida cotidiana número uno en Estados Unidos. El 66 % de los adultos tomó café el día anterior, por encima del té, el jugo, el refresco y el agua embotellada. Quienes beben café promedian tres tazas al día. Frente a 2020, la cifra de consumo del día previo subió cerca de un 7 %. No es un capricho de cafetería de moda: es el desayuno, la oficina y la sobremesa de un mercado que sigue siendo el primer destino del grano salvadoreño.
Dentro de esas tres tazas hay un cambio de paladar. En enero de 2025, el 46 % de los adultos había tomado café de especialidad el día anterior, frente al 42 % que tomó café tradicional. La NCA precisa que la especialidad creció cerca de un 18 % en cinco años (desde el 39 % de 2020), mientras lo tradicional se mantuvo casi plano. Por cada cien tazas, cincuenta y nueve son de especialidad y cuarenta y una tradicionales. El volumen sigue siendo enorme; la calidad, cada vez más visible en la estadística.
Qué significa «especialidad» en un país de tres tazas
Especialidad, en la encuesta de la NCA, no es un concurso de noventa puntos. Es espresso, filtro de origen, bebidas de barra que ya no son solo el café «de siempre» del percolador oscuro. Aun así, el cruce con El Salvador es directo. Un origen de montaña que vende dulzor, acidez limpia y variedades como Pacamara, Bourbon y Geisha no necesita convencer a Estados Unidos de que beba café. Necesita convencerlo de que, de esas tres tazas, una o dos merezcan nombre de finca.
Tres tazas diarias pueden ser tres anónimas o tres con paisaje. Un Bourbon lavado de las cordilleras aguanta el ritual de la mañana sin fatiga: dulce, limpio, sin amargor de defecto. Un Pacamara en filtro puede ser la taza del mediodía, la que se explica. Un Geisha, la del fin de semana. El productor salvadoreño no va a llenar las tres tazas de todo un mercado continental; puede ocupar el hueco de quien ya eligió especialidad y busca un arábica de altura que sepa a fruta y panela, no a humo.
El hábito como oportunidad, no como volumen ciego
Estados Unidos importa contenedores y también microlotes. El informe de abril describe hábito, no precios de subasta. Para Café de El Salvador, el hábito es la puerta: gente que ya bebe cada día y que, en 2025, ya marca más especialidad que tradicional en el recuento del día previo. Educar en ese mercado es repetir una idea sencilla. El café de sombra salvadoreño madura despacio; la taza llega brillante. Si va a tomar tres, que al menos una cuente el volcán.
Descubrir este origen, para un lector en Dallas o en Chicago, no exige un léxico de catación. Exige sustituir una de las tres tazas por un lote con variedad y región. El resto del ritual —la taza dos y la taza tres— puede seguir siendo costumbre. El país pequeño cabe en la costumbre grande cuando el paladar ya pidió algo más que cafeína caliente.
