Eta e Iota: los huracanes que cerraron la cosecha 2020-2021

Eta e Iota: los huracanes que cerraron la cosecha 2020-2021

Sostenibilidad; Cultivo y Procesamiento

Eta e Iota: los huracanes que cerraron la cosecha 2020-2021

En noviembre de 2020, los huracanes Eta e Iota golpearon Centroamérica con lluvias extremas, inundaciones y deslizamientos. Honduras y Nicaragua recibieron el impacto más directo, pero El Salvador también registró acumulados importantes —alrededor de 200 milímetros en zonas del oriente y occidente— que afectaron carreteras, viviendas rurales y cultivos de ciclo corto, incluido el café en pendiente.

FEWS NET —red de alerta temprana sobre seguridad alimentaria— publicó en marzo de 2021 un informe especial que cuantificó el efecto en la cadena agrícola. Para la producción cafetalera de la temporada 2020/2021, estimó una reducción del 5,9 % respecto a lo esperado antes de los huracanes. En términos de empleo rural, proyectó 168.000 jornales agrícolas menos vinculados al rubro. Esas cifras no son solo estadística: son semanas de corte no realizadas, patios de secado inundados y familias con menos ingreso en la montaña.

El contexto previo: una cosecha ya presionada

Antes de Eta e Iota, el USDA ya había señalado una expectativa de caída cercana al 5 % en la producción salvadoreña para 2020/2021, por factores estructurales: área envejecida, roya recurrente, migración de mano de obra y efectos arrastrados de la temporada Amanda-Cristóbal meses antes. Los huracanes no inventaron la crisis, pero la profundizaron en el tramo final de la cosecha y en la preparación de la siguiente.

Para el caficultor de especialidad, la diferencia entre commodity y microlote se juega en márgenes estrechos. Perder un porcentaje de producción puede significar abandonar lotes de alta calidad porque no hay mano de obra para cosecha selectiva, o secar en condiciones deficientes por humedad ambiental. El grano que sobrevive puede llegar con defectos que restan puntos en catación.

Por qué El Salvador salió menos golpeado — y aun así sintió el golpe

La geografía explica parte de la historia. Eta e Iota entraron con mayor fuerza a países vecinos con llanuras amplias y cuencas más expuestas. El Salvador, más pequeño y montañoso, recibió lluvias intensas pero no el mismo nivel de destrucción generalizada. Aun así, 200 milímetros en oriente y occidente bastan para saturar suelos volcánicos, dañar caminos de acceso a fincas y retrasar el transporte de cereza al beneficio.

En café de altura, el retraso logístico es crítico. La cereza no espera: madura en oleadas y hay ventanas cortas para cortar en punto. Cuando el acceso a la finca se interrumpe, el productor elige entre dejar fruta en el árbol —con riesgo de caída y fermentación— o cosechar adelantado con pérdida de calidad.

Qué enseña esta temporada al mercado de especialidad

Los informes de FEWS NET y USDA son útiles para quien compra origen porque sitúan el café salvadoreño en un entorno climático real: ciclones atlánticos que desvían lluvia hacia el Pacífico, temporadas consecutivas de exceso hídrico y un sector que no compite por volumen global sino por taza limpia.

La respuesta del origen no pasa solo por emergencias. Pasa por renovación de variedades resistentes, sombra que regula humedad, drenaje en beneficio y relaciones comerciales que permitan al productor planificar más allá de una mala cosecha. Las ediciones de Taza de Excelencia posteriores —2021, 2022— mostraron que, cuando el clima coopera, El Salvador sigue entregando lotes por encima de 90 puntos.

Eta e Iota cerraron un año 2020 particularmente duro: pandemia, tormentas tropicales en mayo-junio, huracanes en noviembre. Para quien valora el café salvadoreño, entender esa secuencia es reconocer el esfuerzo detrás de cada saco que llega limpio a destino. La montaña volcánica sigue siendo ventaja — altitud, variedades, oficio —, pero solo si el campo puede sostenerse entre una temporada difícil y la siguiente.

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