Tokio prueba Pacamara: Five Coffee se enamora del origen salvadoreño

Tokio prueba Pacamara: Five Coffee se enamora del origen salvadoreño

Café de Especialidad

Tokio prueba Pacamara: Five Coffee se enamora del origen salvadoreño

En febrero de 2024, la cafetería Five Coffee de Tokio empezó a servir café salvadoreño de variedad Pacamara. No fue una moda de menú. Yukio Umezawa, su propietario, había viajado al origen el año anterior, catado en finca y decidido que esa acidez limpia —fácil de beber, difícil de olvidar— merecía un lugar fijo en su barra.

Japón es, desde hace años, el primer comprador asiático del café de El Salvador. Entre 2019 y 2023 destinó 46,3 millones de dólares a ese grano, según el Banco Central de Reserva. El paladar japonés de especialidad premia lo que el Pacamara salvadoreño ofrece con naturalidad: claridad, flor, fruta y un dulzor que no cubre defectos porque, bien procesado, no los hay.

Por qué Pacamara viaja tan bien a Asia

Pacamara nació en El Salvador como cruce de Pacas y Maragogipe. En taza suele mostrar jazmín o azahar, cítricos complejos y un cuerpo que puede ser sedoso o cremoso según el proceso. En filtrado —V60, Kalita, taza de cata— esas cualidades se leen sin esfuerzo. El mercado japonés, acostumbrado a tuestes que respetan el origen, es un aliado natural.

Umezawa lo resumió en una idea que cualquier comprador debería llevarse: le impresionó que los caficultores trabajaran para la calidad, no para el quintal. Esa frase es el mejor folleto que puede tener el país. El Salvador no gana la partida del volumen; gana la de la taza memorable.

Una invitación al descubrimiento

La Embajada en Japón y la Cancillería acompañaron el puente. El resultado visible es una taza en Tokio. El resultado profundo es otro: cada barista que explica “esto es Pacamara de El Salvador” educa a un cliente que después buscará más fincas, más regiones, más procesos.

Si usted tuesta o compra para carta, el episodio de Five Coffee es una pista concreta. El origen salvadoreño convence cuando se visita, se cata y se deja hablar. No necesita un relato inventado: necesita cereza madura, proceso limpio y la paciencia de la altura.

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