De enero a diciembre de 2025, El Salvador exportó más de 561.600 quintales de café y recibió 167,6 millones de dólares. Son 30,5 millones más que en 2024 (+22,3 %) y la mayor cifra desde 2022. En volumen, sin embargo, el país vendió 33.700 quintales menos (−5,7 %): el mínimo en tres décadas. El quintal se pagó a 298,5 dólares de media, 68,1 más que en 2024.
La paradoja es el mejor folleto posible para un origen de especialidad. El mundo no premió la abundancia; premió el grano. Casi la mitad del valor —78,2 millones, el 46,6 %— se fue a Estados Unidos (+32,4 %). Aparecieron también destinos menos habituales: Kuwait, Cuba, Malasia, Turquía. El café salvadoreño está encontrando mesas nuevas.
Cómo leer el dato sin triunfalismo vacío
Un volumen bajo señala cafetales viejos, clima y costos. Eso es real. El ingreso alto señala que el precio internacional —y la calidad diferenciada— sostuvieron al sector cuando los sacos faltaron. La lección para el productor es renovar para no depender solo del precio de bolsa. La lección para el comprador es clara: este origen ya se cotiza como producto premium.
Quien descubra El Salvador por estas cifras debe esperar menos “oferta infinita” y más lotes que justifican el costo. Un Pacamara de altura, un Bourbon clásico, un microlote de concurso: esa es la canasta que explica un quintal cercano a los 300 dólares.
Expectativa 2026
Si el clima acompaña y el mercado no se desploma, el país puede seguir cobrando por carácter. El cierre de 2025 no pide lástima. Pide catas, contratos y la curiosidad de quien entiende que lo escaso, cuando es bueno, se busca.
