El 24 de julio de 2025, en la subasta internacional de Taza de Excelencia El Salvador, una cadena coreana puso el techo del día. MOMOS Coffee pagó 55,90 dólares por libra por el Geisha de Finca Los Naranjos, de David Velásquez Gómez, en la cordillera Apaneca-Ilamatepec. El lote —416 libras, proceso honey— había obtenido 90,02 puntos y el reconocimiento de café presidencial. En la categoría de procesos lavados y honey quedó tercero. El valor total del lote superó los 23.000 dólares.
Ese precio no es un capricho de feria. Es la lección más clara que un concurso puede dar a quien todavía duda si el café salvadoreño «vale» la especialidad. Un Geisha honey de 90 puntos, nacido a la sombra del Ilamatepec —el volcán de Santa Ana—, se vende a un tostador que ya tiene barra en Corea y que busca precisamente eso: flor, fruta, acidez de té y un dulzor que el mucílago del honey ayuda a concentrar. El proceso honey deja parte del mucílago en el pergamino al secar; no es un lavado de claridad extrema ni un natural de fruta entera. Es el punto medio que, bien ejecutado, suma cuerpo y miel sin ensuciar la taza.
El promedio, el rango y lo que no fue récord absoluto
La subasta cerró con un promedio de 20,87 dólares por libra. Los lotes se movieron entre 13,10 y 55,90. El piso de 13,10 correspondió, en los resultados de la Alliance for Coffee Excellence (ACE), a otro lote de Los Naranjos en la categoría experimental. El techo fue el Geisha honey de MOMOS. La prensa salvadoreña recordó que el máximo de 2024 había sido 122 dólares la libra: 2025 no rompió ese techo histórico, pero sostuvo una horquilla alta y una demanda internacional densa.
Compradores de Europa, Asia y Estados Unidos pujaron el mismo día. En las mesas de ACE aparecen tostadores de Japón, China, Lituania, España, Arabia Saudí, Canadá y Corea, entre otros. El jurado internacional de mayo de 2025 —semana del 26 al 30— incluyó a Ji Won Lee, de Cheonil Fnc, con sede en Corea del Sur. El mercado coreano no llega solo a la subasta: también cata.
Mauricio Sansivirini, a quien una nota de prensa presentó como presidente del Consejo Salvadoreño del Café —el instituto rector del sector, hoy Instituto Salvadoreño del Café—, subrayó el valor comercial y de posicionamiento de estos resultados para la caficultura nacional. El nombre institucional ha cambiado; el argumento no: un lote de 90 puntos enseña el precio de la calidad.
Qué debe entender quien bebe —y quien compra en Asia
Taza de Excelencia no es un adorno. Es un mecanismo de cinco o más catas a ciegas, con umbral de 87 puntos para los diez primeros de cada categoría (lavados y honey, naturales, experimentales). Un café presidencial, en la práctica de este concurso, es el que cruza los 90. El Salvador llevó a la subasta Geisha y Pacamara, honey y naturales, fincas de Apaneca-Ilamatepec y de Alotepec-Metapán. El mensaje al paladar es el mismo de siempre: altura volcánica, variedad exigente, proceso disciplinado.
Si usted es tostador en Seúl, en Tokio o en Hamburgo, el lote de Los Naranjos es una brújula: pida Geisha o Pacamara de esa cordillera, pregunte por el honey, no acepte un tueste que apague la flor. Si usted es lector, sepa que Corea del Sur ya no es un mercado hipotético para el café salvadoreño. Paga, cata y sirve. Descubrir este origen incluye seguir esa taza hasta la barra coreana: allí el volcán y el Geisha se entienden sin traducción.
