El 20 de abril de 2026, el adjunto agrícola de Estados Unidos publicó el Coffee Annual ES2026-0004. Entre producción y exportaciones hay un capítulo que el visitante suele pasar por alto: qué bebe El Salvador. Para el año de mercado 2025/26, el consumo interno se proyecta en 332.000 sacos de 60 kilos (equivalente en grano verde). De esos, 292.000 son café soluble y 40.000 tostado y molido.
La proporción no es un capricho de paladar. El USDA lo dice con claridad: la mayor parte sigue siendo soluble de menor costo, importado sobre todo de México, Brasil, Colombia y Nicaragua, junto a marcas nacionales como Coscafe y D’Cafe. El soluble convence por precio y por comodidad. Quien descubra el país por la vía del supermercado puede creer que El Salvador no tiene café propio. Lo tiene. Lo que a menudo falta es que ese café se quede en la taza local.
Turismo, barras y un segundo puesto que no es de concurso
El crecimiento del consumo no nace solo del hábito doméstico. El USDA lo ata al turismo internacional y local, impulsado por una mejora en las calificaciones de seguridad. En el año calendario 2025, El Salvador registró el segundo mayor aumento porcentual de turismo en el mundo. Para 2026/27, el consumo se estima en 339.000 sacos, un 2 % más, otra vez con el turismo como motor.
Esa marea se ve en centros comerciales y en San Salvador, Santa Ana y San Miguel. El informe nombra cadenas internacionales que crecen —Juan Valdez, Starbucks, McCafé— y marcas locales —Viva Espresso, The Coffee Cup—. Al mismo tiempo, la demanda minorista sube para variedades premium del país: Bourbon, Pacas, Pacamara y Geisha. No es un menú inventado para el turista. Es el inventario genético de un origen volcánico: dulzor, acidez brillante, cuerpo, y en el Pacamara esa fruta que el mundo ya asocia con El Salvador.
El Instituto Salvadoreño del Café (ISC) empuja el café premium doméstico con dos gestos que el informe cita: el Día Nacional del Café Pacamara y la participación en eventos como la Specialty Coffee Expo 2025. Una efeméride y una feria no cambian de golpe 292.000 sacos de soluble. Sí educan: el café salvadoreño no es un recuerdo de exportación; es una taza que se puede pedir aquí.
Lo que el visitante puede exigir y lo que el país aún bebe
Hay una tensión útil. El mismo párrafo del USDA que habla de Bourbon y Geisha en el estante menciona que Alquimia logró el tercer puesto en lo que el informe llama la competición World Coffee Bar 2026 —el ranking The World’s 100 Best Coffee Shops—. Una barra de especialidad en la capital y un país que, en volumen, sigue prefiriendo el frasco. Las dos cosas son verdaderas. El turista que pide un Pacamara o un Bourbon de finca bebe lo que el productor salvadoreño sabe hacer; el soluble importado cubre el desayuno cotidiano.
México, según el mismo informe, superó a Brasil como principal proveedor de soluble en 2025/26. Las importaciones totales se proyectan en 272.000 sacos para 2026/27, de los cuales 262.000 serían soluble y 10.000 tostado. El mapa del consumo interno no es solo un hábito: es comercio.
Quien visite El Salvador en 2026 tiene una tarea didáctica: pedir el origen y la variedad, distinguir el soluble del espresso de finca. El país no compite por volumen en el mundo; en casa, el volumen todavía es soluble. La oportunidad cultural es que el segundo salto turístico del planeta coincida con un ISC que ya nombra el Pacamara en el calendario y con un retail que empieza a pedir Bourbon, Pacas, Pacamara y Geisha. El Café de El Salvador se exporta con orgullo. El siguiente gesto —el más íntimo— es beberlo aquí.
