El 25 de abril de 2025, en la Specialty Coffee Expo de Houston, la Specialty Coffee Association (SCA) y la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) firmaron un memorando de entendimiento. Daily Coffee News lo contó el día 30: Colombia, segundo productor mundial de arábica, adopta de forma institucional el Coffee Value Assessment (CVA), el sistema de evaluación que la SCA formalizó a finales de 2024. No es un cambio de logotipo. Es el relevo de la ficha de cata de 2004, la que durante dos décadas resumió la especialidad en un puntaje sobre 100.
El comunicado de la SCA describe el pacto con claridad. La FNC formará equipos técnicos y catadores en el CVA, integrará la recolección de datos en origen y explorará una adopción más amplia en el café colombiano. La SCA aporta asistencia, formación, una aplicación adaptada y promoción. El giro que más importa al caficultor es este: la asociación compartirá con la FNC datos de atributos y de preferencia de mercado derivados del CVA, para que las tendencias no se queden en la mesa del tostador.
Qué cambia cuando el café es más que un número
La ficha de 2004 enseñó al mundo a hablar de especialidad. También aplanó matices: un Pacamara floral y un Bourbon de panela podían terminar en puntajes parecidos y en relatos distintos que el productor nunca veía. El CVA, según la SCA, se apoya en ciencia sensorial reciente: describe el café, no solo lo puntúa. Para Colombia —Daily Coffee News recuerda que la FNC representa a más de medio millón de pequeños caficultores— el protocolo es infraestructura. Para El Salvador, con un volumen pequeño y una taza que vive de la diferenciación, el mismo idioma es una oportunidad.
Un origen boutique necesita que el comprador distinga proceso, variedad y finca. Si el mercado global aprende a valorar acidez, dulzor, cuerpo y contexto agronómico con un vocabulario compartido, un lote de Apaneca-Ilamatepec o de Alotepec-Metapán deja de ser “un centroamericano de 86 puntos” y pasa a ser un perfil. Eso es exactamente lo que el CVA promete devolver al productor: no solo una medalla, sino preferencia —qué busca Tokio, qué pide Hamburgo, qué se paga en filtro frente a espresso.
El segundo arábica y el origen que no compite por sacos
Colombia no es El Salvador. La FNC es, en alcance de mercado y gobernanza, una de las organizaciones productoras más influyentes del mundo. El Salvador tiene el Instituto Salvadoreño del Café, seis denominaciones de origen y una tradición de Bourbon, Pacas y Pacamara que ya se defiende en Taza de Excelencia. El anuncio de Houston no obliga a San Salvador a copiar un decreto. Sí obliga a quien exporta microlotes a entender el estándar hacia el que se mueve la industria.
La innovación, aquí, no es una máquina nueva en el beneficio. Es un protocolo que puede alinear catación, contratos y relato. Un tostador que adopte el CVA pedirá al origen salvadoreño lo mismo que pedirá al colombiano: transparencia descriptiva. El país que responde con cereza madura, humedad controlada y una ficha que cuenta la montaña volcánica estará hablando el idioma de 2025, no el de 2004. Café de El Salvador no necesita ser el segundo arábica del mundo. Necesita que su taza, cuando se evalúe con las herramientas nuevas, siga sonando inequívoca: dulzor, acidez brillante, trazabilidad de finca.
