En la edición 2021 de Taza de Excelencia, Finca Mileydi, de Éver Leonel Díaz Pérez, alcanzó el primer lugar con un Pacamara semilavado de 91,68 puntos. La finca está en La Palma, Chalatenango, dentro de la región Alotepec-Metapán, una de las seis denominaciones volcánicas del país. El resultado no fue un golpe de suerte: fue la cuarta participación consecutiva de Mileydi en el certamen, y cada año aportó una lección distinta.
En 2018, la finca llegó al cuarto puesto. En 2019, un fallo en el secado impidió que el lote compitiera con la calidad que el cafetal prometía. En 2020, Mileydi subió al tercer lugar. En 2021, cruzó la línea de los 90 puntos y se llevó el oro. Ese recorrido enseña algo que los manuales rara vez dicen: la excelencia en café de especialidad es acumulación de detalle —cosecha selectiva, control de humedad, sombra, vivero— más que un truco de procesamiento.
Qué significa un Pacamara semilavado de 91,68
El Pacamara combina la compactación del Pacas con el grano grande del Maragogipe. En taza suele ofrecer flor, fruta tropical y una acidez jugosa. El proceso semilavado —también llamado honey en distintos grados— retira parte del mucílago pero no todo, de modo que el grano seca con azúcares residuales que aportan cuerpo y dulzor sin perder limpieza. Alcanzar 91,68 implica que el jurado internacional encontró la taza limpia, compleja y repetible en múltiples catas ciegas.
Para el comprador que se inicia en El Salvador, Mileydi funciona como mapa geográfico y como mapa de oficio. Alotepec-Metapán, al noroeste, comparte frontera con Guatemala y Honduras. Sus noches frescas y suelos volcánicos favorecen una maduración lenta. El Pacamara de esa zona suele mostrar dulzor de panela y fruta madura, con una acidez que invita a otro sorbo.
Reconocimiento más allá de la taza
El recorrido de Éver Díaz no pasó desapercibido fuera del certamen. El IICA incluyó su trayectoria entre los Leaders of Rurality, un programa que destaca a productores que transforman el campo con innovación y liderazgo comunitario. La distinción subraya que el café de especialidad no es solo competencia: es desarrollo rural, empleo en la montaña y una forma de sostener familias en territorios donde el grano sustituye a otros cultivos.
Mileydi representa también la continuidad generacional típica del caficultor salvadoreño. Las fincas de altura en Chalatenango suelen ser patrimonio familiar, con conocimiento transmitido en la cosecha y en el beneficio húmedo. Cuando ese saber se combina con protocolos de calidad y acceso a mercados premium, el resultado se traduce en puntos, en reconocimiento institucional y en mejores ingresos.
Por qué importa este primer lugar
El Salvador no compite por volumen de exportación como otros países centroamericanos. Compite por taza. Un primer lugar en Taza de Excelencia coloca a una finca —y a una región— en el radar de importadores, tostadores y baristas que buscan trazabilidad. Mileydi demostró que la constancia compensa: aprender del secado fallido de 2019, ajustar, volver a competir y, finalmente, liderar.
Quien explore el origen salvadoreño encontrará en este capítulo una invitación clara. Busque Pacamara de Chalatenango, pregunte por el proceso semilavado y espere una taza equilibrada, dulce y brillante. No es el final de la historia de Mileydi —sería el inicio de otros podios—, pero sí la prueba de que la montaña salvadoreña, bien cuidada, entra en el club mundial de los cafés que se recuerdan.
