Cambio climático en el cinturón cafetero: la altura como refugio relativo

Cambio climático en el cinturón cafetero: la altura como refugio relativo

Sostenibilidad

Cambio climático en el cinturón cafetero: la altura como refugio relativo

El café arábica se cultiva, en lo esencial, en el cinturón cafetero: una franja tropical de unos 25° de latitud norte a 25° sur. Ahí coinciden temperatura, lluvia y altitud que el cafeto necesita. Cuando esa franja se calienta o se seca fuera de estación, el mercado lo nota. La FAO atribuyó el alza de precios de 2024 —38,8 % sobre el promedio del año previo— sobre todo a clima adverso en países clave. Brasil y Vietnam concentran cerca de la mitad de la producción mundial. En Vietnam, un tiempo seco prolongado recortó la cosecha 2023/24 alrededor de un 20 % y las exportaciones cayeron un 10 % por segundo año. En Brasil, calor y sequía obligaron a revisar a la baja un pronóstico que había apuntado crecimiento.

Los Coffee Market Reports de la OIC en 2025 siguieron esa estela: la cosecha vietnamita pobre de 2023/24 dejó exportaciones en 25,09 millones de sacos, y la recuperación posterior se leyó en parte como efecto base. Brasil, tras un periodo de envíos inusualmente altos de robusta, mostró meses de contracción. El cinturón no es un mapa estático. Es un sistema climático que se mueve.

El Salvador: menos sacos, misma latitud, más altura

El Salvador está dentro del cinturón, en el trópico centroamericano, pero su café vive en ladera volcánica. Esa altura —cafetales de media y alta montaña, de Apaneca a Metapán y Chalatenango— funciona como refugio relativo: el arábica prefiere noches más frescas; cuando el calor sube en zonas bajas, la producción de calidad se concentra cuesta arriba. Relativo no quiere decir inmune. El USDA ES2026-0004, leído por Daily Coffee News, proyecta 542.000 sacos de 60 kilos en 2026/27, frente a 586.000 en 2025/26: 44.000 sacos menos (−7,5 %), atribuidos sobre todo a El Niño en floración y cosecha. Esa cuenta se desarrolló en la noticia 50; aquí basta el dato: el mismo fenómeno que altera Brasil y el Caribe también recorta el saco salvadoreño.

La respuesta genética no cabe en un solo volcán. World Coffee Research cría variedades de arábica (y robusta) más resilientes al calor, la sequía y la roya. En 2025 instaló sitios de ensayo Innovea de arábica en siete países, incluido El Salvador, junto a Costa Rica, Kenia, México, Perú, Ruanda y Uganda. No es una semilla mágica de 2026; es un pipeline de mejoramiento que acorta décadas de espera. WCR ha advertido que una fracción relevante de la tierra actual de arábica podría volverse inadecuada hacia 2050 si no hay adaptación.

Para el productor salvadoreño, el cinturón enseña dos cosas. Primera: el precio mundial alto, impulsado por sequía ajena, no sustituye una floración propia bien hecha. Segunda: renovar con material más resistente —y conservar la altura, la sombra y el Bourbon o el Pacamara que el mercado paga— es la forma de seguir dentro del cinturón cuando el termómetro sube. El café de El Salvador no escapa al mapa 25°–25°. Se defiende más arriba en la ladera, con ciencia de variedades y con la taza que aún justifica el esfuerzo.

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