El 8 de mayo de 2025, la Specialty Coffee Association dató en Varginha, Minas Gerais, el anuncio de un memorando de entendimiento con la Brazil Specialty Coffee Association (BSCA): el Coffee Value Assessment (CVA) pasa a ser el protocolo oficial de evaluación del café de especialidad brasileño. La BSCA precisó que el MoU se había firmado durante la Specialty Coffee Expo en Houston y se hizo público ese 8 de mayo. El dato estratégico es el mismo en ambos comunicados: Brasil es el segundo país, después de Colombia, en integrar el CVA a un marco nacional de evaluación.
Brasil es el mayor productor mundial de café y el segundo consumidor. Un origen de esa escala que adopta un sistema de cuatro lentes —físico, descriptivo, afectivo, extrínseco— no es anécdota de feria. Es una señal de circuito: la forma de hablar de calidad se está alineando en los escritorios que mueven volumen y en los que compran microlotes. La SCA se comprometió a apoyo técnico —entrenar catadores y equipos de la BSCA, ayudar en recolección y análisis de datos, respaldar eventos— y la BSCA a liderar la expansión de la educación SCA en Brasil: cursos y certificaciones para productores, catadores, tostadores y responsables de calidad.
Vinicius Estrela, director ejecutivo de la BSCA, habló de innovación, educación e inclusión. Yannis Apostolopoulos, de la SCA, leyó el respaldo brasileño como mensaje a la comunidad global: más transparencia e información para productores, compradores y bebedores. El CVA, recordaron ambos, no evalúa solo el sabor; ofrece un lenguaje compartido alrededor del valor completo del grano.
Qué mira un origen pequeño cuando el grande cambia de ficha
El Salvador no firma ese MoU. Sí comparte mesa de cata con los mismos compradores. Cuando Brasil y Colombia —los dos primeros en institucionalizar el CVA— entrenan a sus catadores en las mismas cuatro lentes, el exportador salvadoreño que siga hablando solo con la ficha de 2004 se queda en un dialecto. El Instituto Salvadoreño del Café ya opera laboratorios de calidad; el CVA es el siguiente diccionario, no un sello brasileño.
La lección es de circuito, no de imitación. Un Pacamara de Alotepec-Metapán o un Bourbon de Apaneca-Ilamatepec gana si el descriptivo nombra flor y dulzor con precisión, si el afectivo indica a qué mercado le encaja, y si el extrínseco registra variedad, proceso y finca. Eso es exactamente lo que un tostador de especialidad pide cuando compara un natural brasileño con un honey salvadoreño: no un único número, sino atributos. La educación SCA que la BSCA llevará al interior de Brasil es el mismo tipo de capacitación que un catador en Santa Ana o San Salvador puede seguir en la red SCA.
Quien venda café salvadoreño en 2025 y 2026 hace bien en preguntar al comprador si ya cata en CVA. Si la respuesta es sí, la muestra debe viajar con más que un puntaje heredado. El MoU de Varginha no cambia el volcán salvadoreño. Cambia el idioma con el que ese volcán se cotiza.
