BANDESAL y el FICAFE: financiar el bosque para que el café siga en la taza

BANDESAL y el FICAFE: financiar el bosque para que el café siga en la taza

Sostenibilidad

BANDESAL y el FICAFE: financiar el bosque para que el café siga en la taza

Sin financiamiento, el cafetal se abandona. Sin cafetal, se pierde más que un cultivo: se pierde sombra, agua y el paisaje que da al café salvadoreño su carácter. Por eso importa el Banco de Desarrollo de la República de El Salvador (BANDESAL), institución de crédito de derecho público. No cata Geisha ni puntúa Pacamara. Hace otra cosa, igual de decisiva: sostiene las condiciones para que esos cafés puedan seguir existiendo.

Un fideicomiso ambiental con nombre de bosque

En 2001 nació el Fideicomiso Ambiental para la Conservación del Bosque Cafetalero (FICAFE), que BANDESAL administra. Su lógica es de largo plazo: reestructurar créditos del sector, emitir certificados fiduciarios y dar al caficultor un cauce distinto al embargo inmediato. En 2005 los bancos fideicomitentes —entre ellos Agrícola, Hipotecario, BFA, Cuscatlán y Davivienda— transfirieron una cartera de cientos de créditos. El instrumento nació para conservar el parque cafetalero, no solo para cobrar una deuda.

El 19 de junio de 2026 el Diario Oficial publicó la prórroga de cinco años. La medida, vigente desde el 27 de junio, extiende el FICAFE hasta 2031. BANDESAL explicó en la Asamblea que el sector ha atravesado precios, plagas y clima, y que sucesivas leyes de suspensión de embargos —la última, hacia enero de 2027— han limitado la recuperación de cartera. La prórroga es, en palabras del propio banco, un respiro: tiempo para cumplir y para seguir produciendo.

El crédito como política de taza y de país

Quien bebe un Bourbon de Apaneca o un honey de Metapán rara vez piensa en un certificado fiduciario. Debería, al menos un segundo. Ese sorbo dulce y limpio depende de que la finca no se convierta en potrero. El FICAFE trata el cafetal como bien ambiental y como motor rural. BANDESAL, como banca de desarrollo, alinea el interés público con el producto: más árboles de café, más empleo, más grano de calidad para el mercado interno y para la exportación.

La recomendación implícita es de compromiso. El café salvadoreño no se defiende solo en la subasta; se defiende cuando el Estado da reglas financieras que permiten quedarse en la montaña. Descubrir este origen incluye conocer a quien financia la sombra. El bosque que endulza la taza tiene, también, un banco.

Volver a noticias