El 20 de abril de 2022, la Oficina de Agricultura Extranjera del USDA publicó su informe anual sobre el café salvadoreño (ES2022-0004). La cifra central es clara: en el año de mercado (MY) 2021/22, El Salvador produjo 639.000 sacos de 60 kilos, un 18 % más que los 541.000 sacos del MY 2020/21. No es un rebote casual. Es la suma de un clima más amable, de plantas jóvenes que empezaron a rendir y de un sector que, tras años de roya y de abandono parcial, volvió a apostar por el cafetal.
El informe proyectaba 619.000 sacos para el MY 2022/23: una leve corrección a la baja, coherente con la volatilidad climática y con la madurez desigual de los lotes renovados. Las exportaciones del MY 2021/22 se situaron en 637.200 sacos, casi al nivel de la producción. El Salvador sigue siendo un origen pequeño en volumen global, pero cada saco que sale bien preparado refuerza la prima de especialidad que el mercado ya reconoce.
Quién compra y qué enseña el mapa
Estados Unidos absorbió cerca del 49 % de los sacos exportados: el primer destino, como en la mayoría de los informes recientes. Alemania tomó alrededor del 10 % —unos 62.990 sacos—, consolidando su papel como segundo mercado europeo por volumen. Japón, el Reino Unido y Bélgica completaron el núcleo de compradores tradicionales. Corea del Sur y Australia, juntas, sumaron cerca del 6,5 %: una fracción modesta en sacos, pero creciente en interés por perfiles dulces y trazables.
Para quien cultiva, la lección es doble. Primero: renovar plantas funciona, pero tarda. Un cafetal de Bourbon o Pacas de tres a cinco años no rinde como uno de quince; la curva de recuperación es real. Segundo: el comprador no premia solo el quintal, sino la consistencia. Un saco que llega húmedo, mezclado o sin documentación pierde la ventaja que da la altitud volcánica de Apaneca-Ilamatepec o El Bálsamo-Quezaltepec.
Qué debe entender el tostador
El USDA no cata tazas; cuenta sacos y destinos. Pero sus cifras dibujan la geografía donde el café salvadoreño compite mejor: mercados que pagan trazabilidad y perfil de taza —dulzor, acidez brillante, cuerpo medio— más que volumen bruto. Si usted compra para una carta de origen único, estos números confirman que la oferta exportable existe y que la demanda está repartida entre Norteamérica, Europa y Asia-Pacífico.
La recuperación de 2021/22 no borró los retos estructurales. El parque cafetalero sigue envejecido en muchas fincas, la mano de obra escasea y el clima no promete indulgencia. Pero el dato de 639.000 sacos marca un piso más alto: El Salvador demostró que puede volver a crecer cuando combina planta nueva, beneficio cuidadoso y acceso a mercados que valoran la taza. Descubrir este origen en 2022 significaba encontrar un país que, lejos de rendirse, volvía a contar sacos con orgullo.
