El MAG y el bosque cafetalero: renovar plantas, cuidar el paisaje, subir la taza

El MAG y el bosque cafetalero: renovar plantas, cuidar el paisaje, subir la taza

Sostenibilidad; Cultivo y Procesamiento

El MAG y el bosque cafetalero: renovar plantas, cuidar el paisaje, subir la taza

El café salvadoreño no vive solo en el instituto del grano. El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) es el rector agropecuario del país y el puente entre el cafetal y el presupuesto público. En el Plan Maestro de Rescate Agropecuario aparece, con nombre propio, la transformación y el despegue sostenible del café: renovar un parque envejecido, subir rentabilidad y no perder el bosque que la sombra del cafeto todavía sostiene.

Qué se propone y qué ya se ha hecho

El Programa de Fortalecimiento de la Resiliencia Climática de los Bosques Cafetaleros —préstamo BID 4870/OC-ES, hasta 45 millones de dólares— lo ejecuta el MAG, con apoyo técnico del ISC. El objetivo es nítido: más resiliencia al clima, más productividad y más ingreso para pequeños productores. Desde 2022 ha alcanzado a unos 3.700 caficultores (cerca de 40 % mujeres) en más de 5.300 manzanas, con parcelas de innovación, asistencia y asociatividad.

Las memorias ministeriales ponen cifras a la renovación. En 2023–2024 se reportaron 2,5 millones de plantas y sistemas agroforestales en 3.841 manzanas; en el ciclo siguiente, más de 3,67 millones de plantas y 2.399 manzanas, con 1.847 productores capacitados y 1.559 planes de finca. El componente de comercialización prevé planes de negocio de cooperativas (hasta 30.000 dólares), emprendimientos de jóvenes y mujeres (hasta 15.000) y un plan de mercadeo para la marca país, incluido un sello de mujeres cafetaleras.

Hay, además, un giro sanitario: incorporar el café al Programa de Aumento a la Producción, con trampeo de broca, fertilización foliar y nuevas siembras bajo sombra y diversificación. El registro de productores agroalimentarios se gestiona en plataformas del MAG, como PIATEC.

Por qué esto importa a quien bebe café

Un cafetal renovado con variedades de especialidad y árboles de sombra no es solo estadística. Es acidez más limpia, grano más denso y un paisaje que captura agua y da empleo rural. El MAG no “regula la taza” como un laboratorio; regula el suelo, la planta y el acceso al programa. El compromiso es doble: con el producto —que El Salvador siga ofreciendo Bourbon, Pacamara y cafés de altura— y con la sociedad que vive bajo esos árboles.

Quien descubra el origen salvadoreño hace bien en mirar también al ministerio. La calidad que enamora en Kioto empieza, muchas veces, en un vivero público y en una parcela de innovación en las seis cordilleras.

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